Alimentación, Emociones y Dieta

Propósitos típicos de año nuevo, hacer deporte y ponerse a dieta.

Este año voy al gimnasio y este año me pongo a dieta. ¿Os suena? Normalmente, son propósitos que pretenden hacernos sentirnos mejor porque queremos estar más delgados. Aunque realmente nos debería mover más, el hecho de estar más sanos. Vivimos en una sociedad donde prima lo estético frente a lo saludable. Es una pena que estar delgado no sea sinónimo de estar sano.

Quién no conoce a alguien que lleva años haciendo dieta, enlazando una dieta tras otra, ahora disociada, ahora baja en hidratos, ahora depurativa,… se las conocen todas y son verdaderos expertos en dietas. A mi modo de ver difícil encontrar solución al problema si no buscamos las causas emocionales que nos llevan a refugiarnos en la comida, más bien en un tipo de comida.

Ahora que soy madre me doy cuenta de cómo muchas veces utilizamos la comida con nuestros hijos como un mecanismo de premio o castigo. Mecanismo que obviamente reproducimos cuando somos adultos. Nos premiamos por un buen día, porque nos lo hemos merecido y nos castigamos por un mal día, recurriendo al consuelo que nos da la nevera.

Dieta Sana

Dieta Sana

De niños nos dan una chuche para que estemos callados en un ambiente donde muchas veces no deberíamos estar, nos dan una chuche para que no lloremos si nos hemos caído porque no nos gusta escuchar los llantos o nos dan un premio y nos dejan comer chocolate después del postre porque hemos comido muy muy bien! Quizás aprendemos así que hacer si queremos una chuche.

De este modo, cuando somos adultos nos damos un homenaje después de cerrar un negocio, nos vamos a tomar unas tapas y unos vinos para celebrar un ascenso o simplemente un buen día de trabajo. Nos sentimos bien y comemos. Lo que suele ocurrir en estos casos es que nunca nos suele apetecer celebrar con una manzana o una zanahoria. Sino más bien con comida típica de satisfacción, esa que sabemos no es muy saludable pero… un día es un día!

De la misma manera ocurre a la inversa. De niños no nos permiten comer chocolate porque hemos comida mal o no nos dan una chuche porque nos hemos portado mal. Vemos como las palabras de bien y mal están muy ligadas a las palabras premio o castigo y detrás de todas ellas está el merecimiento. Lo merezco o no lo merezco. Estos términos están inevitablemente asociados al soy bueno o soy malo, valgo, no valgo, me quieren, no me quieren.

Así llegamos de adultos al típico día horrible, en el que sólo queremos llegar a casa para refugiarnos en la cama o el sofá después de asaltar la nevera en busca del consuelo de un helado, un bocadillo de panceta, una tableta de chocolate o una bolsa de patatas fritas. Porque, evidentemente, tampoco en estos casos nos apetece consolarnos con una manzana o una zanahoria por muy nutritivas que sean.

Con este planteamiento se hace difícil seguir una dieta en la cual nos prohíben o limitan la mayoría de nuestros premios o castigos emocionales. Aquellos alimentos que calman, o eso creemos, nuestra ansiedad y nuestra tristeza o dan más alas a nuestra euforia. Máxime cuando estas prohibiciones limitan a su vez nuestros hábitos sociales, viéndonos obligados a renunciar a las tapas y el vino, las palomitas del cine o la pasta del café.

Dieta Basura

Dieta Basura

Aún así empezamos la dieta porque ya es enero y es nuestro firme propósito de año nuevo y no intentarlo sería empezar el año con poca confianza y credibilidad en uno mismo. Toca comida de trabajo, resulta que no hay nada ese día en el menú de lo que pueda comer y empieza el conflicto. Me la he saltado, hoy me he pasado, no lo he hecho bien… Si la comida es de placer, la tentación es aún mayor y nos decimos a nosotros mismos, total por un día!

El domingo toca comida en casa de la madre y la mujer llama muy preocupada, típico de las madres, para preguntar por el menú ¿y que te hago? Entonces la dieta empieza a condicionar otros ámbitos y entran en juego otros factores emocionales. Una vez más las emociones comparten mesa y dieta con nosotros. Una montaña rusa emocional y cambios de humor continuos se experimentan durante las dietas y bueno, también hambre, se pasa hambre.

Si vamos observando estas cuestiones podremos empezar otro tipo de relación con nuestra forma de alimentarnos. Quizás entonces no sea tan difícil la fuerza de voluntad necesaria para estar delgados porque se tratará de estar sanos. Seremos conscientes que la manzana puede ser un buen tentempié poco calórico, rico en fibra y saludable. Además de alejarnos del sentimiento de culpa por haber ingerido cientos de calorías que ya sabemos dónde van.

Los beneficios para la salud de practicar una alimentación sana y equilibrada son numerosos. Debería ser un hábito que persiga estar más sano y no más delgado. Durante el tiempo que trabajé en un herbolario  observé cómo acontecimientos sociales como bodas propias o ajenas y la operación biquini son fundamentales a la hora de empezar una dieta.

A mi modo de ver, aquí hay en juego un fuerte componente social. Se casa mi hermano y soy la madrina, me he comprado un vestido para una boda y no quepo en él, llega el verano y este año me pongo bikini… Nos mueve estar guapos para los demás, vernos reconocidos en el otro. Dónde queda el quiero tener salud y encontrarme bien porque me lo merezco y es bueno para mí.

Alimentación, Emociones y Dieta.

Alimentación, Emociones y Dieta.

Últimamente está muy de moda la frase “somos lo que comemos”. Ya hablamos anteriormente sobre la relación entre alimentación y emociones. ¿Cómo nos relacionamos con la comida? Escuchemos más nuestras emociones, revisemos más lo que comemos y observemos cuando lo comemos. ¿Qué buscamos en la comida?: ¿Llenar un vacío?, Amor, consuelo, refugio, placer inmediato o salud a largo plazo.

Hace años llegó a mí un libro “Cuando la comida sustituye al Amor”. Sólo el título dice ya mucho. El Amor y la Comida tienen mucho en común. Ambos pueden nutrir o hacer sufrir.  Utilicemos la comida para nutrir nuestro cuerpo y el amor para nutrir nuestro corazón. Del mismo modo que el Amor no alimenta el cuerpo, la comida no puede nutrir el corazón.

Empezar a hacer dieta es una decisión que ha de tomarse en un momento en el que uno se sienta fuerte física y emocionalmente porque si no, el hecho de no conseguirlo nos hará sentirnos doblemente frustrados. A veces queremos cambiar hábitos muy arraigados de una forma muy radical, de la noche a la mañana, y en mi experiencia, así es difícil de mantener. Nuestra motivación ha de ser nuestra calidad de vida y no gustar a los demás.

 

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Especialista en Fitoterapia, Terapia Corporal y Risoterapia.

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